A lúa de outono

A noite do domingo 13 e do luns 14 de novembro unha lúa chea e silenciosa observounos dende o ceo de outono. E nós contemplamola tamén, abraiados de que algo tan lonxano estivera, de súpeto, tan preto. Esa lúa, amada do poeta, que diría Machado, detivo nun intre o noso enfebrecido ir e vir e levou ata as nosas vidas un pedaciño de maxia que quizáis nos fixo meditar. Por iso, e porque na vida existe algo máis que o poder, a economía e a política, porque existe unha lúa que nos contempla cada noite, queríamos adicarlle uns poemas que a embelecen aínda máis do que ela é, lembrando a Rosalía e Juan Ramón Jiménez que nos falaron dela.

img_lunaA LA LUNA

¡Con qué pura y serena transparencia
brilla esta noche la luna!
a imagen de la cándida inocencia,
no tiene mancha ninguna.

De su pálido rayo la luz pura
como lluvia de oro cae
sobre las largas cintas de verdura
que la brisa lleva y trae.

Y el mármol de las tumbas ilumina
con melancólica lumbre,
y las corrientes de agua cristalina
que bajan de la alta cumbre.

La lejana llanura, las praderas,
el mar de espuma cubierto,
donde nacen las ondas plañideras,
el blanco arenal desierto.

La iglesia, el campanario, el viejo muro,
la ría en su curso varía,
todo lo ves desde tu cenit puro,
casta virgen solitaria.

Todo lo ves, y  todos los mortales
cuantos en el mundo habitan,
en busca del alivio de sus males,
tu blanca luz solicitan (…)

En las orillas del Sar.
Rosalía de Castro.

 

Las noches de luna tienen
una lumbre de azucena,
que inunda de paz el alma
y de ensueño la tristeza.

Yo no sé qué hay en la luna
que tanto calma y consuela,
que da unos besos tan dulces
a las almas que la besan.

Si hubiera siempre una luna,
una luna blanca y buena,
triste lágrima del cielo
temblando sobre la tierra,

los corazones que saben
por qué las flores se secan,
mirando siempre a la luna
se morirían de pena.

Arias tristes
Juan Ramón Jiménez.

 

 

 

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